Con tanta generosidad

El Ejecutivo y el Congreso proponen incrementos en las remuneraciones públicas a pesar de no contar con mayor espacio fiscal.

    Editorial El Comercio
    Por

    de El Comercio

    (Foto: Difusión)
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    / Oscar Farje/MTC

    Es justo decir que el Perú tiene cada vez menos fortalezas económicas. La crisis del COVID-19 dejó heridas que en el mercado laboral y en pequeñas empresas aún no cicatrizan, la creciente inseguridad ciudadana intoxica el ambiente de negocios y la volatilidad política empieza a ser un obvio lastre para el crecimiento de largo plazo. Con todo ello, no es sorprendente que las expectativas económicas no logren mejorar consistentemente a pesar de haber superado ya el gobierno del expresidente Pedro Castillo. La excepción a este inexorable deterioro es la posición y política macroeconómica del Perú. Indicador tras indicador (ratio de deuda sobre producto, reservas internacionales, inflación, tipo de cambio, déficit fiscal, etc.), esta es la ventaja comparativa más evidente del país y una que ha resistido bien la erosión del resto de campos.

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