Por Sonia del Águila

En Ayacucho, el pan no solo se come: se ofrenda, se comparte, se canta. En cada casa huele distinto, y en cada fiesta tiene un rostro nuevo. La chapla, la wawa… cada uno guarda una historia. Son piezas de harina, fuego y fe que, al fermentar despacio, conservan la memoria viva de un pueblo. Esa memoria es la que el maestro panadero e investigador Juan Andrés Ugaz ha querido rescatar en su libro “Panes de Ayacucho: ensayos y testimonios de una tradición bicentenaria”, finalista en los Gourmand World Cookbook Awards 2025, los premios más prestigiosos de la edición gastronómica internacional.

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