El director Martin Scorsese cumple hoy 80 años con casi tres cuartos de su vida dedicados al cine. (Foto: Alberto PIZZOLI / AFP)
El director Martin Scorsese cumple hoy 80 años con casi tres cuartos de su vida dedicados al cine. (Foto: Alberto PIZZOLI / AFP)
/ ALBERTO PIZZOLI

Un gánster que debe elegir entre su hermano o la mafia; un taxista con problemas de sociabilidad que se transforma en un héroe; un saxofonista y una cantante que intentan salir adelante en el mundo del espectáculo; un talentoso boxeador que es también una bomba de tiempo por su carácter díscolo; un legendario jugador de billar encuentra a su pupilo ideal; Jesús experimenta el terror y la desolación en forma de tentación; la ascensión y caída de un gánster de la mafia neoyorquina; la lucha de clanes en la Nueva York fundacional; las relaciones entre la corrupción policial y las mafias; la historia de un irlandés que empieza como camionero y llega a ser un influyente hombre del crimen organizado, con no pocos muertos en su camino. “Mean Streets” (1973), “Taxi Driver” (1976), “New York, New York” (1977), “Toro salvaje” (1980), “La última tentación de Cristo” (1988), “Buenos muchachos” (1990), “Pandillas de Nueva York” (2002), “Los infiltrados” (2006) o “El irlandés” (2019) son solo algunos ejemplos del cine de , acuarelista virtuoso de la historia americana que también dedicó gran parte de su trabajo audiovisual a rescatar su memoria cultural. The Band, los Rolling Stones, Bob Dylan, Elia Kazan o George Harrison han sido protagonistas de algunos de los documentales que también han elevado su filmografía, que se extiende ya por más de 55 años.

Mi definición de ‘director’ –ha dicho el propio Scorsese- es alguien que podría haber florecido en el antiguo sistema de estudios, alguien que podía hacer un trabajo profesional realmente bueno a partir de cualquier guion que se le entregara. Yo prefiero ser cineasta, ya que ser director es un trabajo muy duro; hay que encontrar la energía necesaria para sentir como tuyo un material que no ha salido de ti”.

Hoy, celebrarlo a él es celebrar lo mejor de un cine americano que vivió una intensa renovación en los años 70, dando pie a lo que Peter Biskind describió en su libro “Moteros tranquilos, toros salvajes, la generación que cambió Hollywood”, que se convirtió, posteriormente, también en un documental que describe la génesis de las películas que marcaron aquellos años y la lucha de directores como Scorsese contra el establishment y lo convencional.

Martin Scorsese (izquierda)  y su frecuente colaborador Robert de Niro (derecha) durante un premio tributo al actor en el Festival Internacional de Cine de Marrakech 2018. (Foto: FADEL SENNA / AFP)
Martin Scorsese (izquierda) y su frecuente colaborador Robert de Niro (derecha) durante un premio tributo al actor en el Festival Internacional de Cine de Marrakech 2018. (Foto: FADEL SENNA / AFP)
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El lobo de Hollywood

En medio de una campiña un hombre sostiene un cuaderno, sobre el cual dibuja. Usa un pantalón azul con tirantes, sombrero de paja, una camisa blanca con algunas manchas de colores y una llamativa tela, también blanca, que envuelve su cabeza y cubre su oreja izquierda. Tiene el cabello rojo. “¿Es usted el señor Vincent Van Gogh?”, le pregunta un hombre que llega apurado a su encuentro, cargando un caballete y materiales de trabajo. El del sombrero afirma, pero, segundos después, le interroga: “¿Por qué no está pintando? Para mí, esta escena es increíble. Una escena que parece una pintura, no es una pintura. Si se toma el tiempo de observar con atención, verá que toda la naturaleza tiene su propia belleza. Y cuando hay esa belleza natural, simplemente me pierdo en ella”. Ha dicho que es Van Gogh, pero en realidad era Martin Scorsese. En 1990, a pedido de Akira Kurosawa, quien escribió el personaje para ser interpretado por él, el director neoyorquino se puso bajo la piel del pintor neerlandés y dijo palabras que bien podrían haberse referido a su propio cine. El director más célebre de la historia de Japón, aquel que convirtió la épica de sus films en testimonio imperecedero de tiempos medievales, le otorgaba un papel a quien consideraba uno de los más grandes directores americanos de su tiempo. Kurosawa tenía 80 años. Scorsese, 48. De chico, había querido ser pintor. “Lo que más me asombraba era el tamaño de las imágenes en la pantalla, y al volver del cine dibujaba lo que había visto”, contó años más tarde el niño que se convirtió en cineasta por querer dibujar mejor.

Fue Francis Ford Coppola quien le dijo a Kurosawa que Scorsese podría interpretar aquel papel. Otros amigos suyos, como Steven Spielberg o George Lucas ayudaron a conseguirle financiamiento a Kurosawa para poder concretar el proyecto que integraría el segmento que retrata al pintor. La película se llamaría “Dreams” y, aunque no sería su último film, sí sería de muchas maneras el corolario de una carrera brillante. Cambió el cine japonés desde que en 1943 dirigiera su primera película. Entonces, Scorsese solo tenía un año de vida. Imposible intuir que, en los años 70, él, Coppola, Spielberg o Lucas se encargarían de transformar el cine americano con trabajos que hoy, vistos a la distancia, son también complementarios entre sí, testimonios de nuestro tiempo, aunque algunos narren mundos de ciencia ficción o sociedades con códigos aparentemente distintos.

Imposible entender el llamado “Nuevo Hollywood” sin “El Padrino”, “Apocalypse Now”, “Tiburón”, “E.T.” o “Star Wars”, como también sin los films del hombre cuyas cejas pobladas parecieron fungir de lentes prismáticos hacia el futuro. Aunque se le ha etiquetado alguna vez como especialista en cine de gánsteres, gracias a títulos como “Mean Streets”, “Buenos muchachos”, “Casino” o “El irlandés”, el buen Scorsese ha dirigido también musicales (“New York, New York”), especiales de conciertos (“The Last Waltz”), biopics (“El aviador”), dramas de época (“La edad de la inocencia”), cine fantástico (”Hugo”), thrillers (“Cabo de miedo”), videoclips (“Bad”, de Michael Jackson) o dramas religiosos (“La última tentación de Cristo”), configurando un universo personal con elementos definidos.

Fotografía de Martin Scorsese en mayo de 1978 durante el Festival de Cannes, evento donde recibió la Palma de Oro por su película "Taxi Driver". (Foto: RALPH GATTI / AFP)
Fotografía de Martin Scorsese en mayo de 1978 durante el Festival de Cannes, evento donde recibió la Palma de Oro por su película "Taxi Driver". (Foto: RALPH GATTI / AFP)
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Tiene ese don genial y generoso de crear una situación para el público y compartirla con él. Él es el ventrílocuo y el muñeco, el cantante y la canción (…) es el pintor y la paleta, es el alumno y el maestro, es la astucia del zorro y la inocencia del niño, es la voz del magnetófono que grita ‘A Whiter Shade of Pale’”, dijo sobre él su colega y amigo Michael Powell, director de films como Peeping Tom y ex esposo de la editora Thelma Schoonmaker, una de las más destacadas colaboradoras de Scorsese desde que trabajaron juntos en la filmación y edición del documental del Festival Woodstock, entre 1969 y 1970.

Hace setenta años había hombres como D.W. Griffith y, 70 años después, ahora, no hay muchos hombres como Martin Scorsese. Pero mientras haya uno, habrá otros, y el arte del cine sobrevivirá”, agregó Powell en otra ocasión sobre el director que hoy cumple 80.

La edad de la inocencia

Con frecuencia, Scorsese trata de personas que atraviesan una profunda crisis, hombres y mujeres atrapados por su ambición, y sus retratos de las relaciones humanas solo en ocasiones sugieren que la satisfacción también trae la felicidad. Más a menudo, sus personajes acaban, como ellos mismos dicen, más tristes, pero más sabios. Una redención cotidiana”, se señala en la introducción de “Martin Scorsese por Martin Scorsese”, el libro editado por David Thompson e Ian Christie que consigna algunas ponencias que dio el director, no solo sobre su propia trayectoria, sino sobre las razones que la motivaron y el cine que influenció decisivamente en el tipo de director en que se iba a convertir.

Su cine es también, por supuesto, reflejo de una agitada vida personal. Niño enfermizo, dedicó su infancia a ver películas. Así descubrió a directores que le cambiaron la vida, como Antonioni, Fellini, Bergman, Truffaut, Resnais o Rosellini, con cuya hija, Isabella, estuvo casado entre 1979 y 1982. En su juventud estuvo a punto de convertirse en sacerdote. Ya hecho director, solo podía mantener su intenso ritmo de trabajo apoyado en ingentes cantidades de alcohol, quaaludes y cocaína. “Ya no conseguía concentrarme en mi trabajo. Llegué a un punto en el que, de cada siete días, cuatro los pasaba en la cama, enfermo, a causa de mi asma, de la coca, de las pastillas. ¡Cuatro de cada siete días!”, confesó más tarde el director.

Animado por quien se convertiría en su actor fetiche, Robert de Niro, y por una experiencia que lo dejó cerca de la muerte, el director superó sus adicciones. No solo afianzó su carrera, sino que se convirtió, con el tiempo, en un impulsor de la conservación y restauración de películas antiguas a través de The Film Foundation, una asociación sin fines de lucro especialmente dedicada a dicha materia que creó al lado de sus amigos Spielberg, Lucas o Coppola y en la que además participaron otros nombres legendarios como Woody Allen, Robert Altman, Clint Eatswood, Robert Redford, Stanley Kubrick, Paul Thomas Anderson, Peter Jackson o Christopher Nolan.

Martin Scorsese (segundo a la izquierda) recibe su primer Oscar a Mejor director por la película "The Departed". A su lado sus amigos y colegas (de izquierda a la derecha) Francis Ford Copola, Steven Spielberg y George Lucas, quienes le presentaron el galardón. (Foto: ROBYN BECK / AFP)
Martin Scorsese (segundo a la izquierda) recibe su primer Oscar a Mejor director por la película "The Departed". A su lado sus amigos y colegas (de izquierda a la derecha) Francis Ford Copola, Steven Spielberg y George Lucas, quienes le presentaron el galardón. (Foto: ROBYN BECK / AFP)
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Su nuevo proyecto parece la celebración de un cumpleaños para el que quieres reunir a las personas más especiales de tu vida. En este caso, “Killers of the Flower Moon”, la investigación que emprende el FBI dirigido por J. Edgar Hoover sobre los asesinatos en la tribu osage, en los años 20 del siglo pasado. El film será protagonizado por los dos rostros que más han destacado como protagonistas en la filmografía scorsesiana: Robert de Niro y Leonardo Di Caprio, ítaloamericanos como él. La película, que también cuenta con John Lithgow, Jesse Plemons o el resurgido Brendan Fraser en su elenco, está programada para estrenarse en enero del próximo año y, sin duda, será considerada en la próxima temporada de premios. Otro proyecto con Di Caprio como protagonista también ha sido confirmado para el próximo año: “Roosevelt”, un biopic de quien fuera el presidente número 26 de los Estados Unidos, entre 1901 y 1909, Theodore Roosevelt. Por si fuera poco, producirá una serie basada en Pandillas de Nueva York.

A pesar de ser considerado un tótem, su figura no ha estado exenta de polémica en los últimos tiempos, sobre todo tras las declaraciones en las que fustigó a las películas de superhéroes: “No las veo. Lo he intentado, ¿sabes? Pero eso no es cine. Sinceramente, lo más parecido a ellas que puedo pensar, pese a lo bien hechas que están, con los actores haciendo lo mejor que pueden bajo esas circunstancias, son los parques de atracciones. Eso no es cine de seres humanos intentando expresar experiencias emocionales y físicas a otro ser humano”, fueron sus palabras exactas, a fines del 2019.

Luego, aclaró en el New York Times: “Muchos de los elementos que definen el cine tal como lo conozco están en las películas de superhéroes. Lo que no hay es revelación, misterio o genuino peligro emocional. Nada está en riesgo”.

Y, en otro lado, confesó: “Para mí, para los cineastas que llegué a amar y respetar, y para los amigos que empezaron a rodar películas al mismo tiempo que yo, el cine consistía en una revelación”.

Esa es, probablemente, la misma revelación que experimentamos quienes vemos las películas del hombre que hoy celebra 80 años y que alguna vez dijo: “Adoro el cine… es toda mi vida y ya está” y que, aquel mismo 1975, sentenció por anticipado: “Moriré detrás de una cámara”.

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